domingo, 13 de mayo de 2012

Sin título


A veces eres como una gota 
o como un pie, muy pequeño, 
descalzo en un charco.

Eres como un patito de felpa gris y mojado.
Y sólo dan ganas de abrasarte y abrazarte. 
Protegerte y salvarte del mundo para siempre. 

Dan ganas de otorgarte el rincón más cálido, 
para leerte cuentos y date chocolates con menta 
y papas fritas.

Y después dejarte dormir, acurrucada sobre una alfombra.
Verte ahí tendida, tan pequeñita.
Y espantar todas las pesadillas futuras
con matamoscas y abanicos de colores.

Cuidar tu sueño, 
cantarte canciones de mar al oído,
arrullarte y verte sonreír mientras duermes,
por fin tranquila, por fin aquí.

Entonces estaría satisfecha, 
ya no furiosa con el mundo,
porque toda la miseria se destruye
cuando tu sonríes mientras duermes.

viernes, 6 de abril de 2012

Diálogos IX (o las aceitunas)


(Panadería viejísima, de las pocas que están abiertas en Semana Santa. Frente al estante de fórmica sucia, más bien ya percudida, Mari y Fer miran las latas de aceitunas. Entrecierran los ojos tratando de leer el precio, pero son algo miopes los dos así que no alcanzan a distinguir los números. Mari, molesta porque hay ley seca y le parece un signo más del paternalismo enfermizo que ejercen los gobiernos del mundo sobre los ciudadanos, se inclina hasta desesperarse y pregunta en voz alta el precio de las dichosas latas de aceitunas, señalándolas con el índice izquierdo)

Maribel: Disculpa, ¿cuánto cuestan las aceitunas? es que no alcanzo a leer.

Muchacho: 29,50

Maribel: ¿Qué?, ¿me estás diciendo que una lata de aceitunas vale treinta bolos? No vale, gracias... (el muchacho sigue con su trabajo, sin inmutarse)

(Mari y Fer salen de la panadería y se dirigen a un Frigorífico. Ella se siente como toda una doña, reclamando por el precio absurdo de unas putas aceitunas. Piensa en eso y en el abuso que le parece que le prohíban cosas como tomarse una copa y lo que eso significa; es como una avalancha. Por fin entran al frigorífico

Fer: Mira, Mari, ahí al fondo de seguro hay aceitunas y algún otro pasapalo... (Ambos entran al frigorífico, eligen algunas cosas y se dirigen a la caja. La televisión narra las noticias del día)

Mari: (frente a sus queridas aceitunas) ¿Ves? Cuestan 15 bolos, ves que se pasan de ratas... (actitud de inicio de "despotricamiento" contra el país. Se acerca a la nevera y toma un Té Lipton de limón)Bueno será esto, porque como uno tiene que tomar lo que le obliguen. (Mari está al borde. Esto es, para ella, una cuestión de principios. De pronto irrumpe una voz televisiva)

Voz de locutora: ... y fue ultimado de un disparo en la cabeza

Cajero del frigorífico: Lo mataron. (Risa casi irónica) Lo mataron... pero si eso casi no pasa aquí ¡Qué raro! (Dice, amargamente. Silencio. Los tres bajan la mirada, se quedan como petrificados. Mari y Fer sólo se miran, estupefactos. Pagan. Se van. Afuera, todo como si nada)

Diálogo VIII (o las cosas que se escapan)


(Carrito de la Ruta Cementerio-Carmelitas, a la altura de los Estadios, dirección Plaza Venezuela: el tan ansiado destino. Cola. Cola. Sol. Cola. La Mujer sube al carrito en la Parroquia Universitaria, usa un suéter de señora, manga corta, negro. Y unos pantalones poco formales, color negro-desteñido. Los cabellos, muy lisos y de un largo más abajo de los hombros, reposan en el centro de su espalda, atados firmemente por un broche barato, de aluminio. La cartera, oscura también, cuelga de su hombro izquerdo -¿será que todas las mujeres cargamos la cartera de ese lado?- y reposa suavemente entre su cintura y el brazo que la aprisiona, paranóico. Cuando la Mujer aborda la unidad de transporte destartalada, se dirije al asiento vació en "la cocina" del autobús, justo al lado de Mari)

Mujer (sentándose cuidadosamente y observando a Mari): ¡Qué calor! ¿No?

Mari (sin dejar de leer el texto de una de sus escenas -escenas que prepara para una muestra: textos de escenas que la tienen absolutamente obsesionada, como todo lo que le gusta-) : Sí, ¿no? (mira al cielo, el sol picante se deja colar a través de los vidrios y produce un "efecto lupa": los pasajeros se sancochan)

Mujer: ¡Ay sí! (mirando su reloj de pulsera) Y además voy tarde, ojalá no me digan nada y me pueda escapar temprano... lo bueno es que es viernes capaz los jefes no están tan pendientes, con suerte ni van... (Mari la mira y entonces se da cuenta de que la Mujer tiene la piel del rostro manchada, y la del cuello y la de los brazos y las manos. Entonces recuerda que cuando era niña ella, que había escuchado a su abuela Jovita decir que el cloro manchaba la piel, al ver a una persona con la piel como la Mujer, se imaginaba que un gran galón de cloro les había caído encima. Luego la mamá de Mari le explicó que no, que esa era una enfermedad que se llama viti-no se qué. Todos estos pensamientos  pasaron, como ráfagas de nubes, por la mente de Mari cuando su mirada se topó con el rostro de la Mujer. No acertó a contestar nada salvo...)

Mari: Mmmjum

Mujer: Sí... porque me toca ir para un funeral. Un funeral de una amiga... (Mari, que ya maginaba a la desfrotunada amiga de la Mujer encerrada en un ataúd, se estremeció hasta que la Mujer completó la frase) fue su papá.

Mari: ¡Aah...!, ¡qué cosa terrible...!

Mujer: Sí... Sabes que yo quisiera estar con ella ahí acompañándola... pero cómo se hace, si tengo que ir a trabajar y... hay cosas que se escapan de las manos. (Mari, que últimamente se ha percatado de cuántas cosas nos impide hacer trabajar en una oficina y quisiera estar todo tiempo en el teatro, se lamentó de que el trabajo le impidiera a la Mujer estar con su amiga huérfana y le dijo) :

Mari: Bueno... si se escapan hay que volverlas a agarrar.

Mujer (con una sonrisa de extrañeza): ¿Cómo?

Mari: Claro, que si las cosas se escapan de las manos hay que volverlas agarrar. (Y entonces apareció el edificio de La Previsora y Mari supo que había llegado, por fin). Me quedo aquí, que tenga buen día.

Mujer (perpleja pero sonriente): Bueno, que te vaya muy bien.

Diálogos VII (o las madres sí saben)

Cocina remodelada en casa de mi madre, y de Fer-Marido. Piso con rectángulos blancos y negros, "como esos pisos, que tanto le gustan a Mari". Marido en chinchorro, escuchando y -sabiamente- en silencio.

Madre: ¿Y cómo te fue hoy, mari?

Hija: Bien vale, la beba es preciosa. Bella y me gustó su carácter.

Madre: Ay, qué bueno. Pero...

Hija: Pero fíjate que cuando estaba esperando que me pasaran buscando por Ciudad Universitaria estaba sentada en la salida del Metro, como siempre, como me senté durante años mientras estudiaba en mi Universidad, un policía "de los nuevos" se me acercó y me dijo: "Mami no puedes estar sentada en el piso"

Madre: (Gesto de intriga. Silencio espectante)

Hija: ... y yo casi me infarto. Lo miré desde abajo y no supe por qué reclamarle: por lo de mami o por lo de que no me puedo sentar ahí. Entonces estaba a punto de darle un discurso sobre el legítimo derecho a permanecer sentada en el piso, como una ucevista que soy, además en la salida de mi Universiad (risas)... ¿por qué será que siempre se hace ese chiste de los ucevistas echados en el piso?... qué cosa... bueno total que me levanté porque no pude decidir qué reclamarle al policía, y crucé los brazos en actitud desafiante que él no pareció registrar. Luego el entró de nuevo al Metro y yo me volví a sentar, sintiéndome totalmente fracasada en mi desafío a la autoriad.

Madre: Ay, mija... todavía tienes que aprender que hay hombres para los que las mujeres sólo se pueden clasificar en dos grupos: las mamis y las doñitas. Yo, por lo menos, soy doñita; tu, mami... Antes da gracias de que no te metieron en el otro grupo...

Fer-Marido: (Risas -sabiamente- no estruendosas)

Diálogos VI (o de los zancos de la abuela Cheli)

Mi abuela Cheli (se llama Graciela del Carmen pero nunca le gustó su nombre, todos la conocemos como La Cheli, Chelita, Pure) es mi persona favorita en el mundo. Hablar con ella unos minutos siempre me deja repleta de historias que contar, ganas de sonreír y de vivir. Ella contagia a cualquiera con sus ocurrencias, sus versitos compuestos mientras se prepara un huevo duro y su risa de mariposa. Les comparto un pedacito de la conversación de ayer. Va un saludo especial por su cumpleaños para Edgar, que la conoce y tanto se divirtió con sus cosas, igual que la querida Lya.
Cuarto del Tajamar 18-E, planta baja. Nieta y abuela echadas en la cama, hablando de cosas trascendentales y sin importancia, todas mezcadas, sin ningún orden y con poca coherencia, pero entendiéndose muy bien, como siempre.

Nieta: ... sí, porque como ya me voy, como soy igual de gitana que tu, entonces tengo que empezar a revisar mis cosas, especilamente los libros. Me gusta eso de eleccionar sólo lo imprescindible, sólo aquellos dos o tres libros que llevaré conmigo, y pensar en los que le dejaré a la gente que quiero. No me importan mucho los libros, soy mala Licenciada en Letras, porque mis amigos se infatan de escuchar eso. Pero pensar en qué libro le dejaré a cada quién.. eso me gusta tanto...

Cheli: Sí, es como mudar se piel eso de los libros. Mira, en aquella esquina tengo mis imprescindibles... Las cosas que me has escrito, algunos versos míos, y de este lado... este librito, este es el diario de las enfermedades. (La Cheli se levanta, ágil a sus ochenta y tantos años, y toma de la repisa un cuadernito empastado de hojas blancas) Mira, aquí he escrito toda la enfermedad de tu abuelo, día por día; las medicinas que le tocan, lo del marcapasos, todo...

Nieta: Ay, abuela, tu sí tienes cosas... a ver (se incorpora para leer mejor los garabatos de la abuela, a los que se ha ido acostumbrando con los años)

Cheli: Mira, y aquí, al principio del cuadernito tengo el diario de cuando me hice el esguince en la pata ¿te acuerdas?

Nieta: Claro, si fue bien feo. Y además te quedaste en nuestra casa y andabas ahí cojeando por todas partes, sin quedarte quieta..

Cheli: Es que si me quedo quieta me aburro, ¿cuándo van a entender?

Nieta: Bueno, bueno... léeme algo, a ver...

Cheli: Mira: "Hoy no hice nada, Ana María se fue a trabajar, Maribel a un cumpleaños y yo lavé los platos. No me gusta" (Carcajadas. Pasa las páginas hasta que encuentra una especial, sonríe y comienza a leer de nuevo) Escuha, Única: "Estar así, coja, me ha devuelto a la infancia. Ando con muletas y no es fácil, hay que coordinar los brazos con el silencio. Las muletas son de pino fino, bonitas; para mi es como andar en zancos"

Nieta: ¿En zancos?, ¿tu andabas en zancos?

Cheli: Claro, nosotras jugábamos con los niños. Éramos las únicas niñas y entonces jugábamos a cosas que decían que eran de niños, como a andar en zancos. Agarrábamos unas latas de leche y les abríamos unos huecos por donde pasábamos un yute...

Nieta: ...o sea un mecate

Cheli: Sí, un mecate, menos mal que tu eres trilingüe y puedes traducir del chileno al mexicano o al venezolano, y entonces nos encaramábamos en las latas y esos eran nuestros zancos. Luego anduvimos en otros que hacíamos, con unos palos que les poníamos unas tablitas y ahí nos subíamos, esos eran mejores, porque podíamos estar más arriba. Era igualito que con las muletas... antes, cuando los zancos, era mejor claro, pero la sensación de vuelo me lo recuerda...

Diálogos V (o de hacer maletas)

Cuarto con cortinas muy delgadas que dejan ver las siluetas de los altos árboles y el sol, al fondo, entre las montañas. Mujer joven haciendo su maleta para regresar.

Voz de M: ¿Por qué será que cuando uno va de regreso siempre cuesta más hacer la maleta? Es como si las cosas se hincharan, resistiéndose a permanecer de nuevo apretadas en la maleta.

Segunda voz de M: No, no es eso. Lo que pasa es que cuando te vas de México hasta tus cosas saben que no te quieres ir -saben también que volverás-.

Voz de M: (Sonriendo) Ah, claro...

Segunda voz de M: Además, cuando te vas te llevas todo el amor que te tiene tu México lindo y su gente hermosa... Tus recuerdos de infancia, tu familia, tu otro gran hogar... ¿Cómo esperas que eso quepa en un maleta?

Diálogos IV (o de los clásicos griegos)

Cama matrimonial, aproximadamente a las 9am. Pareja despertando.

Ella: Mi amor, ¿vas a querer ir al teatro a ver Yocasta conmigo?

Él: (suspira) Ay, es que a mi el tema de Yocasta no me gusta mucho

Ella: ¿Por qué?

Él: Porque... ella es la que se puyó los ojos, ¿no? Me da como cosita

Ella: No vale, ¿de dónde sacaste eso?

Él: Bueno, ¿no es la madre de Edipo?

Ella: Sí, pero ella no se sacó los ojos

Él: Ah, no claro... fue él, fue él... Después que se la "cuij" (haciendo gesto con las manos y la pelvis). Bueno pero de todas maneras, es como fuerte... ¿ella no se ahorca pues?

Ella: bueno sí, es una tragedia griega pero él no sale...

Él: Mmmh.... no se, no se...

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