Mi abuela Cheli (se llama Graciela del Carmen pero nunca le gustó su nombre, todos la conocemos como La Cheli, Chelita, Pure) es mi persona favorita en el mundo. Hablar con ella unos minutos siempre me deja repleta de historias que contar, ganas de sonreír y de vivir. Ella contagia a cualquiera con sus ocurrencias, sus versitos compuestos mientras se prepara un huevo duro y su risa de mariposa. Les comparto un pedacito de la conversación de ayer. Va un saludo especial por su cumpleaños para Edgar, que la conoce y tanto se divirtió con sus cosas, igual que la querida Lya.
Cuarto del Tajamar 18-E, planta baja. Nieta y abuela echadas en la cama, hablando de cosas trascendentales y sin importancia, todas mezcadas, sin ningún orden y con poca coherencia, pero entendiéndose muy bien, como siempre.
Nieta: ... sí, porque como ya me voy, como soy igual de gitana que tu, entonces tengo que empezar a revisar mis cosas, especilamente los libros. Me gusta eso de eleccionar sólo lo imprescindible, sólo aquellos dos o tres libros que llevaré conmigo, y pensar en los que le dejaré a la gente que quiero. No me importan mucho los libros, soy mala Licenciada en Letras, porque mis amigos se infatan de escuchar eso. Pero pensar en qué libro le dejaré a cada quién.. eso me gusta tanto...
Cheli: Sí, es como mudar se piel eso de los libros. Mira, en aquella esquina tengo mis imprescindibles... Las cosas que me has escrito, algunos versos míos, y de este lado... este librito, este es el diario de las enfermedades. (
La Cheli se levanta, ágil a sus ochenta y tantos años, y toma de la repisa un cuadernito empastado de hojas blancas) Mira, aquí he escrito toda la enfermedad de tu abuelo, día por día; las medicinas que le tocan, lo del marcapasos, todo...
Nieta: Ay, abuela, tu sí tienes cosas... a ver (
se incorpora para leer mejor los garabatos de la abuela, a los que se ha ido acostumbrando con los años)
Cheli: Mira, y aquí, al principio del cuadernito tengo el diario de cuando me hice el esguince en la pata ¿te acuerdas?
Nieta: Claro, si fue bien feo. Y además te quedaste en nuestra casa y andabas ahí cojeando por todas partes, sin quedarte quieta..
Cheli: Es que si me quedo quieta me aburro, ¿cuándo van a entender?
Nieta: Bueno, bueno... léeme algo, a ver...
Cheli: Mira: "Hoy no hice nada, Ana María se fue a trabajar, Maribel a un cumpleaños y yo lavé los platos. No me gusta" (
Carcajadas. Pasa las páginas hasta que encuentra una especial, sonríe y comienza a leer de nuevo) Escuha, Única: "Estar así, coja, me ha devuelto a la infancia. Ando con muletas y no es fácil, hay que coordinar los brazos con el silencio. Las muletas son de pino fino, bonitas; para mi es como andar en zancos"
Nieta: ¿En zancos?, ¿tu andabas en zancos?
Cheli: Claro, nosotras jugábamos con los niños. Éramos las únicas niñas y entonces jugábamos a cosas que decían que eran de niños, como a andar en zancos. Agarrábamos unas latas de leche y les abríamos unos huecos por donde pasábamos un yute...
Nieta: ...o sea un mecate
Cheli: Sí, un mecate, menos mal que tu eres trilingüe y puedes traducir del chileno al mexicano o al venezolano, y entonces nos encaramábamos en las latas y esos eran nuestros zancos. Luego anduvimos en otros que hacíamos, con unos palos que les poníamos unas tablitas y ahí nos subíamos, esos eran mejores, porque podíamos estar más arriba. Era igualito que con las muletas... antes, cuando los zancos, era mejor claro, pero la sensación de vuelo me lo recuerda...