“Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina…”
Miguel Hernández, El niño yuntero
Niño mío que aún no tengo,
niño hermoso que andas por la vida golpe a golpe.
niño carne
niño herramienta.
Niño triste, niño tierra.
¿Dónde hallar el consuelo para ti,
cómo curar tus heridas,
cómo darte otra vida?
Niño dolor del pecho,
dolor del cuerpo,
niño adorado,
niño insalvable.
En tus pequeñas manos, bajo tus uñas,
se esconde la tierra que trabajas
pues los bueyes ya se han ido
y tú, niño mío, cargas la yunta en tu espalda
Y tus pies, tan blandos,
se hunden en la tierra.
Tus pies desnudos ante la vida.
La vida, tan dura y tan fría.
Y tu rostro ennegrecido
por la tierra y el dolor, se ha endurecido.
No eres más cara de niño,
sino hombrecito del arado
Los troncos de madera son tu cruz
y así la arrastras por los campos.
Cómo no llorarte, pequeño mío.
Cómo no cargar la cruz contigo.
Cómo no abrazarte, niño de nadie
niño de todos, niño todos los niños
Quiero salvarte,
amamantarte.
Pero te me pierdes en la tierra, te vas hundiendo.
me arrebatan tu pequeña mano.
No la alcanzo, niño mío.
Y te pierdo, te pierdo.

y te pierdo, y te pierdo. extraordinario poema, con mucha profundidad y nostalgia. te felicto amiga, de casualidad di con tu blog y me quede impresionado.
ResponderSuprimirsaludos y exitos.
Oye, muchísimas gracias. No había leído tu comentario. De verdad, gracias. Muchos saludos para ti también.
ResponderSuprimir