
La casa
La casa respira
la casa está habitada
estamos aquí, pero somos extraños
sigilosos.
Los andamios de la casa son visibles ahora, como el esqueleto de algún viejo moribundo.
La casa es andrajosa, de lejos parece un débil intento de estructura, apenas un esbozo. La casa intenta sostenerse, no creemos que lo logre.
La casa es gris.
La casa es el vacío.
La casa es pobre.

Una sola ventana tiene esta casa, y es tan pequeña que la luz casi no entra: teme deprimirse y ha decidido dejarnos en lo oscuro.
En esta casa ya no hay vidrios que nos protejan del viento helado, ni cortinas que nos oculten de los demás; ahora cualquiera puede entrar en nuestra casa.
La casa y su cimientos recuerdan el aquel día, en que vinieron los hombres. Arrasando. Quemando. No sabíamos quiénes eran, pero al verlos supimos que venían a romper la casa, nuestra casa. Llegaron entonces, gritando, proclamándose libertadores de nuestra casa.
Cuando hubieron exprimido nuestra casa se marcharon, dejando tras de sí esta casa mía.
Esta casa de hoy. Esta casa que somos todos.
Hoy no viene nadie. La casa se lamenta pero su canto triste no llega a ningún oído.
La casa y yo nos hemos perdido.

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